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Descifrando la huella de carbono desde la perspectiva más técnica

La Huella de Carbono, en términos técnicos, constituye una métrica crucial en la evaluación de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Este efecto invernadero, contrariamente a lo que se suele pensar, no es perjudicial por sí mismo, ya que mantiene la temperatura de la Tierra en niveles adecuados para la vida.
Entonces, ¿por qué se habla siempre de este efecto como un problema crítico? Pues principalmente, porque a raíz de la intensificación de la actividad humana industrial en los últimos siglos, el equilibrio reinante, a nivel concentración de gases, se ha visto comprometido.
Este desequilibrio, por tanto, no es más que lo que conocemos a pie de calle como cambio climático.
Un cambio climático, que por mucho que genere ciertas susceptibilidades respecto a su verdadero impacto, está claro que es una realidad. Porque ese mentado equilibrio está basado en datos empíricos que ahora podemos medir con gran exactitud, gracias a dispositivos como el medidor de calidad de aire de HOPU (Grupo Libelium) que ha sido desarrollado además en la Región de Murcia.

EL FRÁGIL EQUILIBRIO DEL EFECTO INVERNADERO

La concentración ideal de gases en la atmósfera refleja la siguiente composición de forma aproximada:

Nitrógeno (N2): 78%.

Oxígeno (O2): 21%.

Argón (Ar): 0.93%.

Dióxido de carbono (CO2): 0.04% (aproximadamente 400 partes por millón).

Otros en menores cantidades: Neón (Ne), Helio (He), Metano (CH4), Kriptón (Kr),
Hidrógeno (H2) y Xenón (Xe).
Pero cuando los GEI aumentan de forma significativa, el equilibrio tiende a romperse y la calidad del aire y, potencialmente, la salud humana, pueden verse gravemente afectados. Y decimos los GEI y no el C02 únicamente, porque hay varios gases más, cuyos valores deben controlarse de forma exhaustiva, porque pueden ser incluso más perjudiciales:

Dióxido de Carbono (CO2): Tiene su origen en los combustibles fósiles (como carbón, petróleo y gas natural), la deforestación y algunos procesos industriales.

Metano (CH4): Tiene su origen en la producción gas natural y petróleo, la agricultura y la quema de residuos.

Óxidos de Nitrógeno (NOx): Tiene su origen en la quema de combustibles, procesos industriales y prácticas agrícolas, como el uso de fertilizantes.

Gases Fluorados: Tienen un origen principalmente industrial y se utilizan en sistemas de refrigeración, aire acondicionado, aislantes eléctricos y otros procesos.

Además, también se suele controlar el nivel de vapor de agua (H2O), porque, aunque no es perjudicial de por sí, si que amplifica el efecto invernadero.
Es a partir del control de estos valores, de los que se obtiene el índice de calidad del aire (ICA).
Un parámetro que podemos ver incluso en tiempo real en muchos paneles informativos de nuestras ciudades, dónde con un sistema de avisos tipo semáforo, podemos entender la criticidad del valor que se refleja de forma fácil.

CONEXIÓN DEL INDICE DE CALIDAD DEL AIRE CON LA HUELLA DE CARBONO

El Índice de Calidad del Aire (ICA) y la Huella de Carbono están relacionados en el sentido de que ambos están vinculados a la calidad y sostenibilidad medio ambiental, pero se enfocan en aspectos diferentes y se utilizan para propósitos distintos.
Mientras que el ICA está más orientado a la salud pública y la calidad del aire a corto plazo (de ahí las mediciones en tiempo real), la Huella de Carbono se centra en la contribución al cambio climático a lo largo del tiempo (requiere una investigación profunda y concienzuda).

IMPORTANCIA DE LA HUELLA DE CARBONO

Desde una perspectiva técnica, la Huella de Carbono se define como la suma total de emisiones de GEI expresadas en equivalentes de dióxido de carbono (CO2), emanadas directa o indirectamente de una entidad, producto, evento o individuo. Este cálculo incluye gases como CO2, CH4 y N2O, cada uno con su potencial de calentamiento global.
Luego, de esta definición, lo primero que se destila es que es un valor que concierne a cualquier tipo de empresa, no sólo a aquellas que emiten gases de forma directa en su producción, como podría tender a pensarse de forma equívoca. Si bien, obviamente, será más crítico en casos tan ilustrativos como el mencionado.
Particularmente, en España, hasta hace no mucho, la normativa sobre la huella de carbono a nivel empresarial abarcaba el cálculo y la comunicación de manera únicamente voluntaria, utilizando un registro público de alcance nacional establecido por el Real Decreto 163/2014, de 14 de marzo.
Sin embargo, a partir de la Ley 7/2021, de 20 mayo, de cambio climático y transición energética, esta condición pasará a ser obligatoria para ciertos segmentos corporativos, los cuales, se irán
definiendo en detalle a nivel comunidad autónoma. Pero no será hasta 2025 cuando se tengan que emitir estos primeros informes de carácter obligatorio, teniendo en cuenta, obviamente, las emisiones del año precedente (2024).
Luego, si estas descubriendo esta nueva condición gracias a nuestro artículo, te recomendamos que te informes sobre cómo afecta esto a tu empresa en particular, porque pudiera ocurrir, incluso, que ya deberías de estar monitoreando tu huella de carbono de forma regular. ¡No lo dejes por favor!

CÓMO CALCULO MI HUELLA DE CARBONO

En estos casos, sobre todo si no tienes experiencia previa en este campo, que será lo normal, lo más práctico será contar con una consultora externa de referencia. Porque, aunque existen multitud de calculadoras online de huella de carbono, incluso de carácter gratuito, lo complicado de estos casos no suele ser el cálculo en sí, sino la obtención de todos los inputs necesarios.
Aun así, os dejamos la “Guía para el cálculo de la huella de carbono y para la elaboración de un plan de mejora de una organización” elaborada por el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico (MITECO), que data de Junio 2023 y que cuenta, incluso, con casos prácticos de referencia para quien quiera aventurarse a elaborar el cálculo de forma autodidacta.

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